Después de hablar brevemente sobre ella en las lesiones típicas de los corredores, y continuando con la series de posts dedicados a la rodilla, después de tratar la luxación de rótula, ahora le toca el turno a la temida y conocida condromalacia rotuliana o patelar. Algunos también la llaman condropatía, pero esta última designación no es la más correcta de denominar a la lesión de la que vamos a hablar en las próximas líneas. Lo peor de esta lesión es que es degenerativa, por lo que curarla es imposible, pero si podemos relentizarla y devolver una relativa normalidad a la rodilla afectada con tiempo y trabajo.
¿Qué es la condromalacia rotuliana o patelar?
Es la degeneración del tejido cartilaginoso que se sitúa bajo la rótula, el cual evita el contacto directo de esta con el cóndilo del fémur. Esta lesión junto al síndrome de la cintilla iliotibial se les denomina “síndrome de la rodilla del corredor”, debido al alto número de corredores que padecen esta lesión.
Esta lesión aunque tiene un fuerte componente hereditario, hay poblaciones que por su estilo de vida corren el riesgo de padecerla:
- Aparece en niños que crecen demasiado y en muy poco tiempo.
- Deportistas o sendentarios que sobrecargan la rodilla.
- Personas con unos músculos extensores sin fuerza o debilitados.
- Igualmente los movimientos repetitivos y los traumatismos directos pueden desencadenarla o agravarla.
- Otra lesión que afecte a esta articulación, como el síndrome de la cintilla iliotibial.
- Una postura estática o dinámica incorrecta que ejerza presiones descompensadas.
- Una alteración del nervio safeno.
El dolor se localiza en la parte anterior de la rodilla, encima de la rótula. El tipo de dolor es el de la sensación de rozamiento o fricción cuando se extiende la rodilla, desapareciendo en la extensión completa por la acción del tendón del cuádriceps, y empeorando también en la flexión de 90º por la potente compresión en el fémur. El dolor además sobreviene si se ejerce presión directa sobre la rótula y en ocasiones puede ir acompañada de chasquidos, aunque no es lo más normal.
En dependencia del nivel de desgaste pueden establecerse, según el autor, hasta en cinco grados:
- Grado I: reblandecimiento del cartílago y aparición de edemas.
- Grado II: fibrilación del cartílago, como desilachado.
- Grado III: fisuración del cartílago llegando a zonas más profundas.
- Grado IV: fisuración del cartílago y aparición de úlceras.
- Grado V: se produce la eburnación de la zona, produciendo la hipertrofia del hueso.
¿Cómo se mejora sus síntomas?
Aún siendo una lesión seria, el trabajo que podemos realizar sobre ella ayudará increíblemente en la mejora en la calidad de la articulación. Así, sabiendo lo que puede producirla o agravarla, simplemente con reducir esos puntos bastará para mejorar los síntomas.
- Evitar los movimientos repetitivos.
- Evitar los impactos directos e indirectos sobre la rodilla.
- Evitar los movimientos que ejerzan una sobrecarga extra.
Por otro lado, conociendo las estructuras que conforman la rodilla, principalmente musculares que son las que mejor podemos trabajar, podemos realizar un trabajo de tonificación y elastificación sobre:
- Cuádriceps, el más importante, como único músculo extensor se deberán realizar ejercicios de forma que no se pase por la flexión de 90º. Especialmente isométricos sobre todo al principio, para pasar a los dinámicos e incremental el peso gradualmente.
- Isquiotibiales, los flexores también se han de trabajar, del mismo modo que el anterior.
- Gemélos, debido a sus inserciones proximales en el fémur, también tienen acción sobre la rodilla.
- Cintilla iliotibial y sartorio, musculatura también implicada en la rodilla que no conviene olvidar.
- El trabajo cardiovascular mejor en piscina. También válido por no tener impacto articular la elíptica.
Si el problema es postural, que de seguro tendrá componentes, se debería acudir a un fisioterapeuta-osteópata y podólogo para el trabajo estructural y posterior uso si es necesario de unas plantillas que nos ayuden con la posición estática y dinámica.
Y por último, si se trata de un problema neurológico, el médico especialista probablemente use infiltraciones de ácido hialurónico para tratarlo.
La pregunta más común: “me encanta correr, ¿podré volver a correr o puedo seguir corriendo?”
Correr es un agravante de esta lesión sin lugar a duda, probablemente sea el más contraindicado, sin embargo, conozco gente que con un grado III corren la maratón de Nueva York, esto es el resultado de un trabajo y de un tratamiento concienzudo, un fortalecimiento y elastificación de la musculatura, trabajo conjunto con el fisioterapueta-osteópata y podólogo, e imprescindible siguiendo los consejos de un médico especialista deportivo que controla la evolución de la lesión.
Si tú no aspiras a ese nivel, sino simplemente a seguir realizando tu actividad favorita, sólo puedo aconsejarte cautela, ves incrementando el ejercicio poco a poco, intenta minimizar los agravantes al máximo, y escucha a tu cuerpo, si te da señales de alarma, escúchale, y visita al médico de forma gradual para no caer en el error de una confianza excesiva que te haga olvidar una lesión que puede, si no se controla, alejarte del mundo de running por completo.





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